Curriculum coordinadores y administrador | Curriculum consejo asesor | El sentido y la oportunidad de lanzar urbared |
|
Bajo la aspiración de reposicionarse ante la nueva modernidad global los países de América Latina han experimentado una sucesión de transformaciones que tienen consecuencias negativas, entre las que se destacan la vulnerabilidad y el carácter crecientemente excluyente de su base económica, la fragmentación y la polarización social y el marcado crecimiento de la pobreza. Asimismo, en las aún frágiles democracias de la región se advierte la incapacidad de las instituciones gubernamentales para diseñar programas que permitan superar las graves condiciones de pobreza y desigualdad que se registran al iniciarse el siglo XXI. ¿Cómo evitar que las nuevas estructuras que se van consolidando reproduzcan y profundicen estas problemáticas, si las tendencias empíricas anticipan crisis mayores, incluso de orden global? Los responsables de las políticas estatales están preocupados principalmente por el desempeño de los indicadores de la macro economía y muestran gran insensibilidad hacia la atención de las necesidades sociales básicas que presentan grandes mayorías de la población, y éstas tienen una capacidad limitada para ejercer sus derechos como ciudadanos. En algunos países se advierte la paradoja de que la economía marcha muy bien pero la gente vive muy mal. Los gobiernos y los organismos internacionales, que aconsejan o imponen tales políticas, intentan justificarlas como inevitables a pesar de las graves consecuencias sociales que generan. Se advierte una verdadera parálisis del pensamiento crítico-propositivo alimentada por la aceptación implícita de que lo económico y lo social son separables. Esta separación se instala en el sentido común, cuando la economía y la política económica misma parecen haberse independizado de la voluntad social y política. Los economistas neoliberales y los políticos de prácticamente todas las tendencias parecen aceptar, en nombre del pragmatismo, que la responsabilidad de los gobiernos consiste en dar prioridad a los compromisos internacionales de profundizar el ajuste y respetar las reglas del mercado financiero global, antes que a la atención de las necesidades de la sociedad. La gravedad de la situación social que provocan estas políticas ha llevado a incluir en la agenda del estado y sus asesores la cuestión de la gobernabilidad, porque lo que está en juego en la misma capacidad de gobernar en estas condiciones. Por esta razón, o por razones morales, se diseñan las nuevas políticas sociales asistencialistas para "aliviar la pobreza". Se intenta así acabar con una cultura de derechos humanos universales, pasando a cada individuo la responsabilidad principal por su condición de vida y concediendo al mercado global el papel de asignador del acceso a bienes y servicios en función de supuestos méritos. Se pretende atender las carencias de quienes son excluidos o empobrecidos por el mercado, haciendo más eficiente y focalizado el gasto público social y las contribuciones filantrópicas de la sociedad. No obstante, predomina la idea de que la economía "no se toca", del mismo modo que no se puede intentar violar las leyes naturales sin provocar catástrofes. Los antiguos actores colectivos están debilitados y sus posibilidades de incidir en los procesos de decisión pública se han estrechado. En nuestras democracias persiste, en las prácticas de intervención social del estado, el clientelismo como modo de competencia y acumulación de poder. En las políticas sociales se incorporan criterios de eficiencia pero en el marco de una gran insuficiencia de recursos públicos para atender las crecientes necesidades sociales. Sin embargo, surgen también iniciativas de otro orden a nivel estatal protagonizadas por algunos gobiernos nacionales, provinciales o locales, que intentan encontrar formas distintas de encarar la grave problemática social y se multiplican experiencias de gobierno participativo, sobre todo a nivel local. Organizaciones y comunidades sociales desarrollan redes de solidaridad, plantean modalidades de acción social no clientelar, potencian el poder de grupos sociales, muchas veces en una línea autogestionaria y no siempre con buenas relaciones con las instituciones gubernamentales. La urgencia de un cambio de sentido En este contexto, es imperioso activar un pensamiento propositivo alternativo, capaz de orientar prácticas colectivas eficaces en defensa de la vida humana. Es preciso descubrir y ayudar a otros a descubrir que esta misma realidad encierra otros desarrollos posibles. Y para ello se requieren otros análisis cualitativamente diferentes, de proyecciones menos atadas a las tendencias empíricas recientes, que superen el economicismo, analizando la sociedad en su dialéctica compleja, y que vayan acompañadas de programas de acción, enmarcados en estrategias firmemente sustentadas en la experiencia popular y orientadas por una perspectiva de desarrollo humano incluyente. Existe la convicción de que el modelo económico neoliberal no reabrirá la posibilidad de integrar a las sociedades, acabar con la pobreza y construir sociedades democráticas. Los confiables cálculos de la OIT indican que ni siquiera los nuevos contingentes de población económicamente activa podrán ser absorbidos por la creación de nuevos empleos. Quienes -desde diferentes corrientes políticas- trabajan con la gente, incluso dentro de los sistemas clientelares de contención, así como quienes realizan las encuestas y recorren los hogares reales para medir la situación social, perciben con mayor claridad la urgencia de enfrentar la situación. No hay dudas de que es necesario un cambio del modelo de intervención social del estado. Esto pone a la economía en la mira. Por un lado, se acentúan los cuestionamientos al modelo económico centrado en seguir la lógica del capital financiero global y atender los intereses de las elites nacionales. Por otro lado, se incrementan las iniciativas para generar nuevas actividades y relaciones económicas. Pasar de la distribución de paquetes de alimentos, becas para mantener a los niños y jóvenes fuera de las calles, o ayudas económicas mínimas, a la generación masiva de empleos y de niveles adecuados de ingresos, superar la competencia individualista y revalorar la solidaridad social, son consignas que recorren la acción social en América Latina. Desde los gobiernos surgen planes que vinculan el ingreso al desempeño de alguna actividad de servicio social o de construcción de infraestructuras. Estos fondos se van rotando entre grupos de beneficiarios y contribuyen a disminuir las estadísticas de desempleo. También se multiplican los planes de apoyo a microemprendimientos o a las PyMES, aunque en muchos casos carecen de efectividad para lograr los fines que se proponen, porque las PyMEs, si bien constituyen una atractiva propuesta de generación de empleos con poca inversión, no han alcanzado la escala necesaria para poder abatir los elevados niveles desempleo o subempleo. Se extienden los "bonos solidarios", a veces vinculados a la escolarización y bajo la forma de becas, o sus equivalentes, como programas de ingresos menos que mínimos, para transferir algún ingreso a los hogares que están en la indigencia. Desde la sociedad se buscan otras opciones en las que participan viejos y nuevos actores colectivos. Para dar sólo algunos ejemplos: la Central de Trabajadores del Brasil (CUT) lanzó un programa de incubadoras de cooperativas de trabajadores, apoyado por una amplia red de universidades. La Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) elaboró una propuesta consistente de política de renta mínima, asumiendo una representación amplia de clase, incluyendo a los desempleados y a quienes nunca consiguieron un empleo. Por otra parte, los Sin Tierra en Brasil, los Zapatistas en México y el Movimiento Indígena en el Ecuador plantean con fuerza su oposición al modelo neoliberal, llaman la atención al conjunto de la ciudadanía de que algo está mal en las instituciones de gobierno y de justicia y vuelven a poner en la agenda la cuestión de la redistribución no sólo del ingreso sino de los activos productivos. A la vez, todos los días, en los barrios, en las comarcas, en las regiones de nuestro continente, hay búsquedas, innovaciones y recuperaciones de las mejores tradiciones productivas y organizativas. Se multiplican asimismo las redes de intercambio de información potenciadas ahora por el recurso del Internet. Pero la sumatoria de pequeñas e incluso grandes iniciativas no es suficiente para recomponer el tejido social y lograr una mejor calidad de vida para el conjunto de la ciudadanía. Es necesario aprender de la experiencia y dar saltos cualitativos y cuantitativos sobre bases firmes que pongan en marcha procesos autosostenidos de desarrollo social. Multiplicar los encuentros y las búsquedas es parte del camino que hay que transitar, pero la variedad de asuntos que asumen las innumerables redes dispersa el diálogo y limita el aprendizaje y la sistematización de las ideas a partir de la propia experiencia y de la de los demás. Los encuentros para el intercambio de experiencias, siendo de alto valor, no siempre generan la imprescindible producción de generalizaciones y propuestas más abarcadoras, empíricamente fundadas y claras en el planteo de las condiciones de su viabilidad, algo que un análisis riguroso de cada situación concreta y el encuentro con la teoría puede contribuir a sustentar. Pasar de la preocupación o el activismo bien intencionado a la acción estratégica compartida supone una reflexión crítica y propositiva sobre la política social y las propuestas alternativas que se están gestando en nuestro continente. Sabemos que podemos aprender mucho también de otras regiones y confrontar nuestras experiencias con las propuestas sistematizadas que se originaron en otras regiones, ampliando nuestra comprensión de los problemas y generando ideas sobre otras posibilidades, pero nada puede reemplazar el aprender en base a la propia práctica. Los propósitos y métodos de urbared Es en este contexto que surgió la idea de poner en marcha esta red. urbared tiene como principal objetivo generar un espacio dialógico, que nos permita avanzar sobre un suelo cada vez más firme de conocimientos empíricamente fundados, para aprender de nuestra experiencia y de la de otros, para imaginar caminos alternativos y considerar opciones eficaces. Esto exige acumular y no dispersar; tomar ciertos ejes, consolidarlos y avanzar; formular conceptos, propuestas y experiencias enriqueciendo la matriz de comprensión para la resolución de problemas. Nos proponemos hacer esto propiciando un espacio de encuentro entre estudiosos, dirigentes y miembros de organizaciones sociales y políticas, así como funcionarios responsables de las políticas sociales en las regiones urbanas o rurbanas. Integrar, en definitiva, en un mismo espacio a quienes plantean los qués, los por qués, los para qués y los cómos de una acción social y pública capaz de superar las graves situaciones de pobreza y desigualdad en las que actualmente viven cientos de millones de latinoamericanos. Un aspecto innovador de esta red será la forma como se presenten las experiencias. No se trata de registrar recuentos descriptivos o incluir recuadros de "buenas prácticas", descontextualizados, que no recuperan la historia de gestación, desarrollo y definición (y, eventualmente, de extinción) de la experiencia. No se trata tampoco de llenar un formulario con categorías fijas, al que se recurre en aras de la comparabilidad, pero que no permite conocer la originalidad de las experiencias. Ni de la autoevaluación de los protagonistas, la cual puede ser parcial y estar dirigida a proyectar cierta imagen de la experiencia en el espacio institucional. Sabemos que muchas veces se ignoran las voces de los disidentes, de otros que contribuyeron en algún momento a la realización de un proyecto, o incluso de los destinatarios, lo cual impide la generalización y el aprendizaje genuinos. Para aprender de la experiencia hay que reconstruir la historia de cada experiencia en su contexto, y la historia necesariamente está atravesada por conflictos, los cuales hablan de los obstáculos que han debido superarse para construir esa identidad colectiva. Por ello proponemos una metodología de recuperación de experiencias abierta al debate y la actualización, a ser enriquecida por distintas voces, con perspectivas diferentes. Intentaremos hacer síntesis y sistematizaciones y recibiremos las que nos aporten espontáneamente los que participen de este espacio de reflexión. El diálogo será incentivado y, si es necesario, desde la propia administración de la red promoveremos la diversidad y la confrontación de ideas respetuosas del otro. Con el apoyo del Comité Asesor propondremos, cuando sea necesario, detenernos en determinados ejes articuladores de la reflexión, para aprender colectivamente, haciendo síntesis provisorias a medida que avanzamos en espiral. Aspiramos, también, como es usual, a que esta red sea un medio de información y de socialización de recursos para todos los que trabajan en el terreno económico y social de manera integrada. Desde los dos extremos de la región, desde la UNAM en México y la UNGS en Argentina, esperamos que este espacio sea ocupado por los más diversos actores sociales comprometidos con un desarrollo con equidad y justicia para nuestra América Latina. |
|||||||||||
|
|
| 2008 - urbared | |||